NUESTRO AMOR SERÁ UN BESO CONTINUO

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Nuestro amor será un beso continuo es una continuación de la novela Miradas.
Un cadáver flotando en el embalse de Zorita, sobre las aguas contenidas del río Tajo, rompe la monotonía de los pueblos colindantes y la tranquilidad de sus gentes.

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Carlos Gullón Calvo

Nuestro amor será un beso continuo es una continuación de la novela Miradas.

Un cadáver flotando en el embalse de Zorita, sobre las aguas contenidas del río Tajo, rompe la monotonía de los pueblos colindantes y la tranquilidad de sus gentes.

El cabo Cariel, de la Policía Judicial de la Guardia Civil del Puesto de Azuqueca de Henares, un hombre profesional, meticuloso, impulsivo y obsesivo recibe el aviso para hacerse cargo de la investigación.

Mientras tanto, con cuarenta años, la vida sigue… Tomás e Isabel tratan de buscar la felicidad, el amor y el consuelo. ¿Qué pasará con sus vidas? ¿Qué acontecimientos marcarán sus destinos? ¿Volverán sus vidas a cruzarse?

Amor, pasión, sexo, rabia, locura, en definitiva, sentimientos y vida; porque de eso se trata, de vivir, cada uno como pueda y le dejen.

“El triunfo de una vida es encontrar a la persona adecuada que te acompañe a vivirla”

CAPÍTULO 1

Los rayos del sol empezaban a acariciar tenuemente el contorno de las colinas. La flora existente en la ribera del río comenzaba a brillar a consecuencia de las gotas del rocío iluminadas por la luz.

El agua del caudal estaba tranquila, quieta, estancada como consecuencia de la presa de la antigua central nuclear.

Existía un silencio sepulcral, solamente interrumpido por el canto mañanero de una abubilla que pasaba volando.

Todo era paz y armonía. Hasta el cuerpo humano que se encontraba flotando en el río, boca abajo, parecía algo natural del paisaje.

—Ring, ring…—sonó el teléfono en la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Azuqueca de Henares.

—¿Sí?—respondió la persona que se encontraba en la oficina del Equipo Territorial de Policía Judicial de la Tercera Compañía de Guadalajara—. Vamos para allá.

El Cabo Cariel avisó al agente Silva.

—Cógete el coche que nos vamos, date prisa.

A los cinco minutos se encontraban en el interior del vehículo policial camuflado dirección hacia el término municipal de Pastrana.

El agente Cariel iba pensando en la llamada recibida.

—Un cadáver flotando en el embalse de Zorita, en las aguas próximas a la antigua central nuclear José Cabrera en Zorita de los Canes—le habían dicho desde el Puesto de la Guardia Civil de Pastrana.

Su mente empezaba a esquematizar lo que  tenía que hacer nada más llegar: entrevistarse con el primer patrulla interviniente, tomar declaración a posibles testigos, coordinarse con Policía Científica, observar detenidamente el lugar, sus proximidades y el cadáver, etc.

Sabía perfectamente cómo hacerlo. No era el primer homicidio ni seguramente fuera el último.

Luego llegaría la investigación: ¿quién era el fallecido?, ¿cómo y por qué le habían matado?, móviles que hubieran podido dar lugar a ello, tomar declaración a todas las personas relacionadas con el finado, movimientos bancarios, llamadas telefónicas, mensajes, correos electrónicos, etc.

Cada homicidio era un puzle de piezas sueltas que él y su equipo tenían que casar. Aparte de su orgullo profesional, lo tenía que hacer por la víctima y su familia, y sobre todo, para cazar a uno o varios hijos de puta.

Él era así, se tomaba cada caso como algo personal. Siempre había detestado la típica frase de compañeros veteranos y no tan veteranos en que le decían: «no te tomes las cosas como algo personal, esto es solo trabajo».

Detestaba ese tipo de comentarios, no era la primera vez que había discutido con compañeros que pensaban así.

Cientos de intervenciones que se realizaban y casos que se resolvían, únicamente por el interés individual y casi  enfermizo de muchos Guardias Civiles.

Muchos ciudadanos no lo sabían.

Era un trabajo a veces desagradecido, pero eso no importaba. Lo único que valía era el éxito final.

A su llegada observaron la aglomeración de vehículos policiales, cadenas de medios informativos de radio y televisión, y multitud de personas; siendo en su gran mayoría vecinos curiosos de los pueblos cercanos.

Estacionaron el vehículo y se dirigieron hacia la cinta policial que delimitaba el paso.

—Buenos días, soy el cabo Cariel de Judicial—se identificó mostrando su carné profesional ante el Guardia Civil que se encontraba en la cinta.

—A sus órdenes—le saludó, metiéndole un gorrazo y levantando la cinta para que pasaran.

Se acercó a la ribera del río donde se encontraba amarrada la zódiac del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas. Junto a ella, en el suelo, se encontraba el cadáver y dos agentes de Policía Científica agachados tomando muestras del cuerpo.

—Buenos días, señores—saludó Cariel—. Soy el responsable de la investigación a partir de este momento, ¿me pueden informar?

Uno de ellos dejó de realizar su trabajo y se levantó.

—Buenos días, soy el Sargento Méndez—dijo, dirigiéndose hacia Cariel.

—A sus órdenes—contestó—. Soy el cabo Cariel de Policía Judicial.

—Le informo: se trata de una mujer, lleva ropa pero le falta el calzado, tiene un golpe en la cabeza y presenta varias puñaladas en abdomen y pecho.

—¿Habéis avisado a su Señoría?—objetó Cariel.

—Sí, en cuanto se encontró el cadáver se avisó al Juez de Guardia y a ustedes.

—Perfecto—dijo Cariel mientras observaba el cadáver.

Los ojos de la mujer se encontraban abiertos mirando hacia el cielo. Qué pena de chica, había sido una mujer atractiva. Ni el agua del río, ni la muerte, habían borrado la belleza de su rostro.

Dejó el lugar donde se encontraba y se dirigió andando por la ribera del río. Mientras tanto, el agente Silva estaba hablando con el primer patrulla interviniente y con un testigo (la persona que divisó el cuerpo y avisó a la Guardia Civil).

—¿Desde dónde te habrán arrojado?—se preguntaba Cariel, deteniéndose por un instante y mirando a su alrededor.

—Aquí empieza el juego…—se dijo, reanudando el paso y abriendo bien los ojos ante cualquier indicio.

Carlos Gullón Calvo

Realicé el servicio militar obligatorio en la 4ª Bandera del 2º Tercio de la Legión (Ceuta).
Policía Municipal de Madrid.
Amante del deporte, sobre todo de la carrera y del K 1, habiendo competido como amateur en seis combates.
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